miércoles, 8 de abril de 2009

Rayuela

Empezó como un juego. Un juego de niños en la plaza que se suben a los columpios, comen helado y se empujan, porque no quieren que el otro se dé cuenta de que éste les gusta. Saltábamos en la vereda. Un, dos, tres saltos. Así nos llevábamos jugando a la rayuela todas las tardes. Salíamos de nuestras casas a la misma hora, como por casualidad. A sacar al basura, a pasear al perro, a andar en bicicleta. Nos mirábamos por un rato. Después alguno de los dos sacaba la piedra guardada en el bolsillo y la tiraba sobre la rayuela. El otro comenzaba a saltar.

Cuando ya estábamos más grandes no queríamos seguir jugando a la rayuela. Queríamos saber nuestros nombres, conversar un poco, tomar once juntos, ver películas. Pero antes de todo eso queríamos hablar, y eso era lo más complicado. Porque mucho más difícil que hablarle a alguien por primera vez, es hablarle a alguien con quien siempre te has comunicado pero nunca has articulado una frase. Entonces ésa tarde salí a la calle a la misma hora de siempre. Decidida a hablarle. Seguramente estaría tomando el té aún porque no salía de su casa. No salió en mucho rato y yo me senté a esperarlo en la vereda, sobre nuestra rayuela pintada hace tantos años. Me miré las manos y estaba más morena que en el invierno anterior. Ese verano fui a la playa. Me tosté con el sol de la costa. Mis rodillas ya no estaban raspadas como siempre. Mi cara era distinta. Aunque no tenía un espejo en mano, yo lo sabía: ya no era lo misma del año pasado.

4 comentarios:

Nataly Ponce dijo...

Un bexo julieta de mi cuxaron

(huy, el texto y la música lo encontré melancólico)

me gustó.

Drayden dijo...

y que paso salio?

Julieth dijo...

Continuará pos !!

Drayden dijo...

la verdad me gustan un buen tus fotos.